Una de las cosas más gratificantes de trabajar con niños (en mi caso sólo es uno, pero vale por veinte...) es que puedes actuar de forma libre sin que se sorprendan. Puedes decir la cosa más absurda del mundo, que si la dices con convicción ellos la toman por válida y puedes tirar del hilito para que se convierta en una pequeña fantasía que se hace realidad dentro de esos instantes. De hecho hasta puedes guardarla en una cajita y abrirla siempre que las dos personas quieran, y eso es liberador.
Lucas me ha llamado hace 5 minutos, y él no es consciente, pero ha abierto dos de esas cajitas que compartimos y que me han hecho sonreír. Que sea capaz de integrar como yo las cosas mágicas dentro de una realidad asfixiante es genial, yo di las "bases" para jugar y él ahora ya puede coger el "mando" y hacer volar la imaginación por donde quiera, transportándome a mi también.
¡y! después de este descanso obligado, la realidad acecha de nuevo, word no me hace caso y el calor me mata ¡pero! siempre puedo ir haciendo miraditas furtivas a las cajitas que comparto con Lucas y con demás gente que me rescatan del agobio :) .

