
Todos nosotros estamos permanentemente inmiscuídos en pequeños micromundos que van conformando nuestro día... el primero podría decirse que es el familiar/de pareja al levantarnos, seguidamente el del trabajo, o el amigo con el que tomamos el café por la mañana... luego vendrían otros -cada uno los suyos- hasta la hora de volver a acostarse y despedir la jornada.
En realidad pocas veces nos fijamos en como estructuramos nuestro día, la manera más habitual es temporalmente; pero también podemos estructurarlo por "micromundos".
A veces me siento como una especie de ser errante que tiene que ir pasando por el mundo de varias personas, familia, amigos, pareja, trabajo, etc. En realidad es precioso, porque...cada pequeño mundo te aporta unas cosas, y si tu has aceptado pasar por él, es que contribuye a tu bienestar. El problema es que todo nos obliga a correr, todo debe hacerse rápido o ya no llegas a tiempo; lo que causa que el tránsito entre dichos pequeños mundos no sea fluído y usualmente mientras uno está con el amigo piensa en cuánto tiene que cobrar, y cuando está en el trabajo aun está pensando en que ha olvidado tender.
Lo más horrible de todo esto, es que esta necesidad de correr y de pasar por todo -de esta manera, "pasando"- hace que no podamos profundizar en nada de lo que hacemos, y por tanto quede el sentimiento de vacío y frustración.
En mi día a día soy una persona lenta, me cuesta correr y me cuesta "pasar"por las cosas, pero a veces miras atrás y te das cuenta que sin querer, durante unas horas, tú también te has convertido en una pieza más del engranaje, y...que tu presencia en determinados micromundos no fue real.