Ir despacio en un mundo que corre es un peligro.
Existe un miedo enorme a quedarnos atrás, a perder esa noticia que hará que ya no entendamos nada de lo que se habla o dice en nuestro timeline, facebook, o café de la mañana.
La immediatez nos obliga a estar en permanente alerta, a ser selectivos y sobretodo a ser muy muy perceptivos. Internet es un caos de percepciones mucho más tangibles de lo que en un principio podríamos haber imaginado.
Y yo no soporto correr. No me gusta que me empujen ni tampoco no tener tiempo para pensar las cosas, meditarlas, trabajarlas dentro y luego sacar mis propias conclusiones.
La vida -digamos "no virtual"- tiene un enorme componente de velocidad, y más en una ciudad como Barcelona. Internet pues, me permite crear una burbuja en la que moverme de una forma más ágil, cómoda y sin tantos pisotones de gente que corre.
Sin embargo, humanos lo somos igual dentro que fuera, con lo que esta burbuja no es más que una fantasía que ha durado no demasiado tiempo. Aquí también hay que correr, así que no me queda más remedio que ponerme la ropa de deporte cuando me siento frente al ordenador.
Eso sí, no dejo de apostar por un trabajo artesanal, reposado, que nos permita entablar conversación, comunidad, sentimiento de pertenencia y todas esas cosas tan preciosas que nacen con el tiempo, con la paciencia y con la calma.