domingo, 19 de diciembre de 2010

Del insomnio y otros demonios



Siempre lo he considerado una suerte, sólo entrar en contacto con el nórdico, las sábanas, la manta... me duermo al instante, pero la noche del jueves pasó algo extraordinario, extraordinario por el hecho de ser algo que no me había pasado nunca. Supe lo que era el insomnio. Es cierto que a veces por nervios antes de un examen, por tristeza, por ruidos externos me había costado conciliar el sueño, pero siempre aunque pocas horas, había dormido un poco... todas las noches de mis 24 años.
Así que lo que ocurrió el jueves y el viernes por la noche (duró dos días) fue algo totalmente nuevo para mi, primero me abandoné al hecho de no poder dormir como algo que tarde o temprano acabaría, el sueño terminaría llegando a mi. Unas horas más tarde empecé a impacientarme, el viernes tenía un día largo y complicado y entré en la odiosa fase de ir mirando de forma compulsiva las horas que quedaban antes de que sonara el despertador... horrible.
Nervios. Dolor de barriga. Estrés.
Análisis de lo que estaba ocurriendo: soy una persona extremadamente analítica y cuando ocurre algo dentro de mi estoy acostumbrada a investigar a fondo. Las sensaciones eran diversas y las causas incomprensibles... podía ser que durante toda mi vida hubiera dormido tanto que hubiera acabado mi cuota de sueño, por lo que me tocaría estar en vela el suficiente tiempo como para que mi cuerpo pudiera fabricar "sueño" otra vez (lo que hace el insomnio...), otra de las causas que barajé fue la de un posible daño... mi cuerpo había olvidado cómo dormirse, había un desajuste de forma que aunque estuviera extremadamente cansada mi organismo tenía una especie de error que no le permitía conectar con esa parte tan necesaria. Me vi condenada otra vez, a no dormir hasta que algún médico pudiera curarme.

Decidí a pesar de todo seguir intentando encontrar la forma de burlar el -maldito-insomnio, quedaban dos preciosas horas antes de que sonara el despertador, ese aparato del infierno. Mi técnica consistía en visualizarme en momentos de mi vida en los que había dormido en lugares especialmente confortables, como cuando de pequeña mis padres me dejaban dormir en su enooorme -con respecto mi tamaño, era enorme- cama cuando me subía la fiebre, o el sofá cama donde dormí en Asturias, en casa de mi amiga Marta... nada de esto funcionó, por lo que decidí ser un poco más radical, visualizarme en situaciones extremadamente adversas tipo... en medio de una tormenta de nieve, con una chaqueta muy fina y ropa casi de verano, de repente aparecía algo que me salvaba y podía taparme con mantitas en una cama comodísima. Ahora estaba en esa cama. Tampoco. Nada.
Y sonó el despertador el viernes y sonó el despertador el sábado por la mañana (sí, también). Lo más raro es que no me sentía especialmente cansada y mi cara no reflejaba que llevaba despierta más de 48 horas seguidas, todo coincidía con mi primera teoría... había dormido tanto durante mi vida que a mi cuerpo ya no le quedan más horas de sueño, las había gastado todas, por lo que a partir de ese momento debería acostumbrarme a llevar una doble vida, la de día y la de noche. Una vez acepté este hecho como algo único y hasta divertido... me quedé profundamente dormida.

2 comentarios:

Elu dijo...

Eres genial, Laia xD

Yo lo que pienso cuando me pasa algo así es que estando tumbado en la cama también se descansa, así no me agobio tanto por que al día siguiente voy a estar cansado.

Laia dijo...

x_DDDD !!!
Sí, eso es lo que intentaba pensar también... pero en el fondo es un autoengaño enorme, por lo que no sé qué me inquieta más xD
La verdad es que si tanto viernes como sábado hubieran sido dias normales, me hubiera dado relativamente igual, pero fueron dos días de ir arriba y abajo, con lo que parte del estrés venia al pensar que no sería capaz de aguantar xD bleh, espero que tarde mucho mucho en tener de nuevo insomnio, la experiencia no me ha gustado... uh
(hoy he dormido como un angelito *_* xD)