
A veces cuando me acuesto las sábanas me recogen y todo se hace por fin de noche, siento un leve mareo que me aleja de la realidad física... y me hago pequeña, pequeña, casi minúscula diría.
Antes esta sensación me incomodaba y me daba miedo, sentía que si cerraba los ojos me perdería en ese enorme mundo de oscuridad. Ahora no. Ahora cuando me acuesto lo espero con ansia. Mareo ven. Y una vez dentro disfruto de ese universo en el que no hay nada y a la vez está todo. Viajo por dentro de mi y me descubro en el Palau de la Música, en una pequeña caja en la que me veo sentada en la última hilera disfrutando de algo que nunca antes había experimentado, el corazón se llena de aire y estoy allí de verdad, mi cama queda muy lejos ahora. Cierro la caja.
Retrocedo 8 años en el tiempo volando por la nada hasta llegar a un amplio pasillo del Escorial, ahora no es el corazón que se llena de aire sino que viajo por entre las sensaciones de un lugar mágico que no sabes dónde ni cómo ubicar.
Olvidada y tan pequeña como lo más pequeño que puedas imaginar me duermo recorriendo cada estancia, cada puerta, pasillo de lo que he vivido, soñando levantarme para que empiece un nuevo día en el que robarle al mundo algo y quedármelo. Sólo para mi.


